Dar el primer paso para iniciar terapia puede generar incertidumbre. Es completamente normal que te preguntes: “¿De qué voy a hablar?”, “¿Me va a juzgar?”, “¿Qué pasa si me quedo en blanco?”. A veces, el miedo a lo desconocido hace que postergues una decisión clave para tu bienestar.
Si estás pensando en iniciar un proceso con enfoque Cognitivo-Conductual (TCC) basado en la evidencia, la primera buena noticia es que no vas a encontrarte con un monólogo ni con silencios incómodos. La terapia científica es un espacio dinámico, seguro y, sobre todo, un trabajo en equipo.
Aquí te contamos exactamente qué pasa dentro de la sesión para que dejes los nervios de lado y te animes a empezar.
El mito vs. La realidad: ¿Qué es la TCC?
Existe la idea instalada de que ir al psicólogo es sentarse a hablar del pasado sin un rumbo claro mientras el terapeuta solo anota en una libreta en silencio. En la psicoterapia cognitiva y contextual, la realidad es muy diferente:
Es interactiva: La terapeuta habla, pregunta, repregunta y explica.
Es focalizada: Se trabaja en el “aquí y ahora”. Aunque tu historia es fundamental para entender de dónde vienen tus aprendizajes, el foco está en resolver lo que hoy te hace sufrir en tu vida cotidiana.
Es colaborativa: Vos sos experto/a en tu vida y la psicóloga es experta en los mecanismos del comportamiento. Juntos diseñan el camino.
Paso a paso: ¿Qué pasa en la primera sesión?
La primera entrevista es, fundamentalmente, una sesión de evaluación y encuadre. No se busca resolver el problema el primer día, sino trazar el mapa de ruta.
1. La entrevista inicial (Fase de conocimiento)
La sesión comienza con preguntas sencillas para romper el hielo y recopilar datos básicos. Te invitaré a contar cuál es el motivo de tu consulta actual. Es el momento de expresar qué te está doliendo, qué te abruma o qué área de tu vida sentís que se te fue de las manos.
2. El análisis del síntoma (Mente y Cuerpo)
A diferencia de otros enfoques, aquí exploraremos cómo se manifiesta tu malestar en tres niveles interconectados. Si venís por ansiedad, por ejemplo, analizaremos:
Lo que pensás: ¿Qué ideas automáticas aparecen en tu mente?
Lo que sentís físicamente: ¿Sentís un nudo en el estómago, taquicardia, insomnio?
Lo que hacés: ¿Evitás situaciones, postergás tareas, te aislás?
3. El encuadre técnico y las reglas del juego
Hacia el final de la sesión, se establecen las pautas de trabajo: la frecuencia de las sesiones (habitualmente semanal al inicio), la modalidad (online), la duración y la política de cancelación. La transparencia desde el minuto uno es la base de la confianza terapéutica.
El final de la sesión: Te llevás herramientas, no dudas
El plan de acción: Te irás con una devolución clara de lo que la terapeuta observó y, muy probablemente, con una pequeña tarea o registro para la semana (por ejemplo, anotar en qué momentos del día sentís más tensión física). La terapia cognitivo-conductual continúa fuera del consultorio.
Animarse a empezar es cuidar de vos
Ir a terapia no significa que estés “roto/a” o que seas una persona débil; significa que registrás que tus herramientas actuales no están siendo suficientes para resolver un problema y que tenés la valentía de buscar un método científico para vivir mejor.
En mi espacio clínico online, te ofrezco un lugar libre de juicios, basado en el respeto mutuo y respaldado por la evidencia científica, diseñado para que recuperes el control de tu vida paso a paso.
¿Estás listo/a para diseñar tus propias herramientas? El espacio ya está disponible para vos.
Lic. Viviana Cerimelli



