¿Por qué me cuesta tomar decisiones simples?

Jun 1, 2026 | Recursos

Escrito por Viviana Cerimelli

Entrar a una plataforma de streaming y pasar más tiempo mirando el catálogo que viendo una película. Sentarte a elegir la ropa a la mañana y sentir que te abrumás. Estar con el celular en la mano y dudar mil veces en mandar un saludo.
​¿Te suena familiar? Cuando nos cuesta elegir, solemos pensar que el problema son las opciones o que somos personas “indecisas”. Sin embargo, la dificultad para tomar decisiones cotidianas y simples suele ser un síntoma directo de la ansiedad, la rumiación y el agotamiento mental.

​Los 3 enemigos de las decisiones cotidianas
​Para entender por qué algo tan sencillo se vuelve tan pesado, primero tenemos que identificar qué está pasando en tu mente:
​1. La paradoja de la elección (y la fatiga por decisión)
​Vivimos en un mundo con exceso de opciones. Tu cerebro tiene una cantidad de energía limitada por día para tomar decisiones. Si pasás la jornada resolviendo problemas complejos en el trabajo o gestionando el estrés familiar, para el final del día tu “batería cognitiva” está en cero. Ahí es cuando decidir qué cenar se siente como escalar el Everest.
​2. El perfeccionamiento y el miedo a “perder”
​A veces, el trasfondo de la indecisión es la exigencia de que cada elección sea perfecta. Existe la falsa creencia de que si elegís la opción A, la opción B podría haber sido mejor, lo que activa el miedo a equivocarse o a perder el control. Buscamos una certeza absoluta que, en las decisiones cotidianas, simplemente no existe.
​3. La trampa de la parálisis por análisis
​Pensar demasiado activa el sistema de alerta de tu cerebro. Empezás a sopesar pros y contras de cosas insignificantes, tu mente se abruma con escenarios futuros y, ante la incomodidad de la ansiedad, la respuesta automática es la evitación (postergar la decisión).
Cómo entrenar a tu cerebro para decidir sin culpa:
​Romper este hábito requiere pasar de la mente a la acción mediante pequeños experimentos conductuales:
​- Aplicá la regla de los 2 minutos: Para decisiones de bajo impacto (qué vas a almorzar, qué vas a ponerte), poné un cronómetro. Tenés exactamente 120 segundos para elegir. Al obligarte a actuar rápido, le quitás el tiempo a la rumiación para que arme sus laberintos.
​- Abrazá el concepto de “Suficientemente bueno”: En lugar de buscar la opción perfecta (maximizar), buscá la opción que cumpla con los requisitos mínimos necesarios (satisfacer). El fideo más barato o la película que enganches primero están bien. Bajá la vara de la exigencia.
​- Automatizá la rutina: Reduce la cantidad de decisiones diarias. Armá un menú semanal fijo o definí tus outfits de la semana el domingo. Al estandarizar lo simple, liberás espacio mental para lo que verdaderamente importa.
​Aprender a tolerar la incertidumbre
​Tomar decisiones simples de forma rápida es un ejercicio de exposición. Implica aceptar que podés elegir un plato de comida que no sea el mejor del universo, y que está bien, que no pasa nada. Al tolerar esa pequeña incomodidad, tu cerebro aprende que equivocarse en lo cotidiano no es peligroso.
​Si sentís que la indecisión te está ganando terreno, te abruma en el día a día o es parte de un cuadro de ansiedad más grande, la psicoterapia basada en la evidencia te ofrece un espacio estructurado para desarrollar herramientas de afrontamiento eficaces.
​Haz clic aquí para agendar una consulta online y que empecemos a trabajar en tus herramientas juntos.

Escrito por Viviana Cerimelli

Artículos Recomendados para Ti