Por qué te cuesta recibir cariño, ayuda o reconocimiento?

Sep 21, 2026 | Recursos

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Hay personas que pueden dar muchísimo a los demás, pero cuando alguien intenta hacer algo por ellas aparece una sensación difícil de explicar.

Un “gracias” se responde rápidamente con “no es nada”. Un elogio genera incomodidad. Ante una ayuda aparece la necesidad de devolverla cuanto antes. Y cuando alguien expresa cariño, en lugar de disfrutarlo puede surgir vergüenza, desconfianza o incluso ganas de cambiar de tema.

Entonces aparece una pregunta incómoda: ¿por qué puedo dar afecto con tanta facilidad, pero me cuesta recibirlo?

Recibir también puede hacernos sentir vulnerables

Aceptar cariño, ayuda o reconocimiento implica permitir que otra persona se acerque. Y eso puede resultar más difícil de lo que parece. Para algunas personas, recibir activa pensamientos como “no hice nada especial”, “no quiero molestar”, “no quiero quedar en deuda”, “seguro lo dice por compromiso” o “no me gusta que me miren tanto”.

También puede aparecer una sensación de no merecimiento: si existe una visión muy crítica de uno mismo, un reconocimiento positivo puede entrar en conflicto con la imagen que ya tenemos construida.

Las experiencias personales, las relaciones actuales, las creencias aprendidas y las formas habituales de responder al malestar pueden combinarse de distintas maneras. Lo importante es observar qué sucede exactamente cuando alguien intenta acercarse.

Cuando el cariño genera incomodidad

Imaginá que alguien te dice: “Me encanta cómo resolviste esto”.

Puedes responder “gracias”, pero internamente sentir vergüenza, pensar que exageró o recordar inmediatamente todo lo que salió mal.

En ese caso, el reconocimiento no desaparece porque sea falso. Puede resultar difícil aceptar una información que contradice la manera habitual de evaluarte.

Algo parecido ocurre con la ayuda. Si aprendiste a resolver todo por tu cuenta, depender momentáneamente de otra persona puede sentirse como perder autonomía. Si asocias necesitar a alguien con ser una carga, aceptar ayuda puede generar culpa.

Y con el cariño puede suceder algo similar: dejar que alguien sea afectuoso con vos implica exponerte a una experiencia que no puedes controlar completamente.

¿Qué dice la psicología?

Los enfoques cognitivo-conductuales ayudan a identificar las interpretaciones y conductas que aparecen en estas situaciones. Por ejemplo, rechazar automáticamente un elogio, minimizar un logro o negarse siempre a recibir ayuda puede producir alivio momentáneo, pero también impedir que tengas nuevas experiencias que cuestionen esas creencias.

Desde la Terapia además, se trabaja sobre la relación que establecemos con pensamientos y emociones incómodas. El objetivo no es conseguir que recibir cariño deje de generar incomodidad inmediatamente, sino desarrollar mayor flexibilidad para poder permanecer en esa situación sin escapar de ella.

Por eso, el cambio no consiste en obligarte a “quererte más” de un día para otro. Muchas veces empieza por algo bastante más concreto: aprender a recibir sin defenderte automáticamente de lo que recibís.

¿Qué puedes empezar a practicar?

– Acepta un elogio sin explicarlo. La próxima vez que alguien te reconozca algo, probá responder simplemente “gracias”. Sin agregar “pero tuve suerte”, “no fue para tanto” o “cualquiera podría haberlo hecho”.

– Observa qué pensamiento aparece. Cuando alguien te ofrece ayuda o cariño, preguntate: “¿Qué estoy pensando que significa aceptar esto?”. Puede aparecer “voy a quedar en deuda”, “estoy molestando” o “no lo merezco”. Identificarlo ya permite tomar cierta distancia.

– No intentes eliminar inmediatamente la incomodidad. Si recibir afecto te da vergüenza, ansiedad o pudor, no necesitás hacer desaparecer esa sensación para poder quedarte en la situación. Puedes sentir incomodidad y, aun así, permitir que alguien te cuide.

– Practica recibir en pequeñas dosis. Aceptar una ayuda sencilla, permitir que alguien te haga un favor o reconocer un aspecto positivo de tu trabajo puede funcionar como una exposición gradual a aquello que normalmente evitás.

– Diferenciá recibir de quedar en deuda. Que alguien haga algo por vos no significa automáticamente que tengas que compensarlo de inmediato. En los vínculos saludables, dar y recibir no siempre ocurre en proporciones exactas ni en el mismo momento.

– Prestá atención a cómo tratás lo positivo. Cuando alguien reconoce algo bueno en vos, observá si tu mente busca inmediatamente una excepción, un error o una explicación que reduzca ese reconocimiento. No hace falta convencerte de lo contrario: simplemente permití que la información positiva también tenga un lugar.

Aprender a recibir también es una forma de vincularte

Tal vez durante mucho tiempo aprendiste a ser quien resuelve, sostiene, ayuda o acompaña. Esa capacidad puede ser valiosa. El problema aparece cuando solo podés ocupar ese lugar y recibir de los demás se vuelve demasiado difícil.

Permitir que alguien te ayude no te vuelve menos independiente. Aceptar un elogio no significa creerte superior. Recibir cariño no te obliga a devolverlo inmediatamente.

A veces, aprender a recibir consiste simplemente en dejar de interrumpir una experiencia agradable con la necesidad de minimizarla, justificarla o compensarla.

No tenés que sentirte completamente cómodo para empezar. Podés aprender a quedarte un poco más cuando alguien te ofrece algo bueno.

Si descubrís que esta dificultad aparece de manera persistente, afecta tus vínculos o se relaciona con una fuerte autocrítica, trabajarlo en psicoterapia puede ayudarte a comprender qué mantiene ese patrón y desarrollar una relación más flexible con vos mismo y con los demás.

Lic. Viviana Cerimelli – Psicóloga | M.P. 48123

Psicoterapia online para Argentina y países hispanohablantes.

Consultas: vivianacerimellipsicologa.com

Escrito por Viviana Cerimelli

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