Hay personas que desde afuera parecen tenerlo todo: trabajo, responsabilidades, vínculos, una vida que avanza.
Sin embargo, por dentro sienten algo difícil de explicar:
La sensación persistente de no ser suficientes. Dudan de sus decisiones. Se comparan constantemente.
Sienten que los demás son más capaces, más seguros, más valiosos.
Y aunque logren cosas importantes, el alivio dura poco.
La pregunta aparece una y otra vez:
“¿Por qué sigo sintiéndome así?”
Muchas veces, la respuesta está en cómo se construyó la autoestima a lo largo de la vida.
La autoestima no es solo “quererse más”
En psicología solemos entender la autoestima como la evaluación que una persona hace de sí misma. Pero esa evaluación no aparece de la nada. Se construye a partir de:
-experiencias tempranas
-vínculos significativos
-mensajes recibidos en la infancia
-comparaciones sociales
-interpretaciones que hacemos de nuestras experiencias
Con el tiempo, todo esto forma creencias profundas sobre uno mismo. Por ejemplo:
“No soy lo suficientemente bueno.”
“Tengo que demostrar mi valor.”
“Si me equivoco, significa que soy un fracaso.”
“Los demás siempre lo hacen mejor que yo.”
Estas creencias funcionan como lentes psicológicos a través de los cuales interpretamos lo que nos pasa.
Cómo se mantiene una autoestima frágil en la vida adulta
Desde una perspectiva cognitivo-conductual, la baja autoestima suele mantenerse por patrones de pensamiento y comportamiento que se retroalimentan.
Por ejemplo:
1. Autoexigencia constante
La persona se impone estándares muy altos. Cuando logra algo piensa: “Era lo mínimo.”
Cuando algo no sale perfecto piensa: “Soy un desastre.”
El resultado: nunca es suficiente.
2. Comparación permanente
En la vida adulta las comparaciones son constantes:
-carrera profesional
-relaciones
-logros
-estabilidad económica
Pero la comparación suele ser injusta: vemos nuestras dudas internas y solo el “lado exitoso” de los demás.
3. Filtro negativo
Muchas personas hacen esto sin darse cuenta:
-minimizan los logros
-magnifican los errores
Por ejemplo: Reciben 3comentarios positivos y uno crítico. Y su mente se queda solo con el crítico.
4. Evitación del desafío
Para no confirmar la idea de “no soy capaz”, algunas personas evitan: nuevos proyectos, cambios laborales, expresar opiniones, tomar decisiones importantes
A corto plazo esto reduce la ansiedad. Pero a largo plazo refuerza la inseguridad.
A veces empezar a observar ciertos patrones puede abrir una puerta al cambio.
Por ejemplo:
¿Mi valor personal depende demasiado de lo que logro o de cómo me ven los demás?
¿Me hablo a mí mismo de una forma que nunca usaría con alguien que quiero?
¿Cuánto espacio tienen mis errores en la imagen que tengo de mí?
¿Estoy esperando sentir seguridad absoluta antes de intentar algo?
Muchas personas descubren que la voz más crítica de su vida está dentro de su propia cabeza.
¿Es posible desarrollar una autoestima más saludable?
Sí, pero no suele lograrse solo con frases motivacionales.
Desde la terapia cognitivo-conductual el trabajo suele incluir:
1. Identificar creencias negativas sobre uno mismo
Muchas de estas creencias se formaron hace años y hoy funcionan automáticamente.
2. Cuestionar pensamientos autocríticos
Aprender a detectar distorsiones cognitivas como:
-pensamiento todo o nada
-sobregeneralización
-descalificación de lo positivo
3. Construir experiencias correctivas
La autoestima también cambia a través de la acción:
-probar cosas nuevas
-tolerar errores
-desarrollar habilidades
-reconocer logros reales
4. Desarrollar una relación interna más compasiva
Esto no significa dejar de crecer o conformarse. Significa dejar de tratarse a uno mismo como a un enemigo permanente.
Un cambio saludable en la autoestima no significa sentirse seguro todo el tiempo.
Significa algo más realista: poder equivocarse sin destruir la propia imagen, reconocer capacidades sin sentir que es arrogancia, aceptar que el valor personal no depende solo del rendimiento
En otras palabras: dejar de vivir en una evaluación constante de uno mismo.
Un proceso terapéutico puede ayudar
Cuando los patrones de autocrítica, inseguridad o comparación están muy instalados, puede resultar difícil cambiarlos en soledad.
Un proceso terapéutico permite:
-comprender cómo se formaron esas creencias
-aprender nuevas formas de relacionarse con uno mismo
-desarrollar una autoestima más estable y realista
Muchas veces, lo que una persona ha considerado “su forma de ser” durante años en realidad son patrones aprendidos que pueden modificarse.
Si sientes que algo de esto te pasa no dudes en consultarme.
Lic. Viviana Cerimelli




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