Intolerancia a la incertidumbre: por qué necesitas certezas para sentirte tranquilo?

Jul 21, 2026 | Recursos

Escrito por Viviana Cerimelli

¿Y si no es la ansiedad lo que más te cuesta… sino la incertidumbre?

Hay una escena que se repite con frecuencia en el consultorio.

Una persona llega convencida de que su problema es la ansiedad. Dice que no puede dejar de pensar, que se preocupa por todo y que vive imaginando lo peor. Sin embargo, a medida que la conversación avanza, aparece un hilo conductor mucho más interesante. No teme a todo. Teme, sobre todo, a no saber.

No saber si la relación funcionará.No saber si eligió el trabajo correcto. No saber qué va a pasar.

En otras palabras, el problema no siempre es el miedo. A veces, lo verdaderamente difícil es convivir con la incertidumbre.

Una capacidad extraordinaria… que tiene un costo

Los seres humanos somos probablemente la única especie capaz de imaginar con tanto detalle situaciones que todavía no ocurrieron. Esa capacidad nos permitió planificar, anticipar riesgos y construir civilizaciones. Pero también tiene un precio. Podemos sufrir por un futuro que todavía no existe. Y cuanto más importante es aquello que está en juego —la salud, una relación, un hijo, el trabajo— más fuerte aparece la necesidad de obtener certezas.

Es comprensible. Todos preferimos saber antes que no saber. La diferencia está en que algunas personas pueden seguir adelante aun cuando no tienen todas las respuestas, mientras que otras sienten que necesitan despejar cada duda antes de dar el siguiente paso.

Cuando la búsqueda de certezas se convierte en una trampa

En la década de 1990, el psicólogo canadiense Michel Dugas comenzó a estudiar por qué algunas personas quedaban atrapadas en preocupaciones interminables. Su equipo observó algo llamativo: el contenido de las preocupaciones variaba de una persona a otra, pero el mecanismo era muy parecido. No era la posibilidad de perder el trabajo, enfermarse o equivocarse lo que mejor explicaba la ansiedad. Era la enorme dificultad para aceptar que ninguna de esas situaciones podía conocerse con certeza de antemano.

Ese hallazgo dio origen a uno de los modelos más influyentes para comprender el trastorno de ansiedad generalizada: la intolerancia a la incertidumbre.

La idea es sencilla y, al mismo tiempo, profundamente reveladora: cuando la incertidumbre se vive como algo insoportable, la mente empieza a buscar desesperadamente formas de eliminarla.

El problema es que la vida no ofrece garantías. Cuando no toleramos bien la incertidumbre, la preocupación empieza a sentirse útil.

Pensamos porque creemos que pensar nos acerca al control. Ensayamos conversaciones antes de tenerlas, revisamos decisiones ya tomadas, buscamos una opinión más, después otra y otra. Durante un rato parece funcionar. Sentimos que estamos haciendo algo. Sin embargo, ese alivio suele durar poco. Al aparecer una nueva duda, el proceso vuelve a comenzar.

No porque “te guste preocuparte”, sino porque tu cerebro aprendió que la preocupación es una estrategia para reducir la sensación de incertidumbre. Paradójicamente, cuanto más intenta eliminarla, más presente termina estando.

No podemos construir una vida completamente segura. Podemos contratar un seguro médico y seguir enfermándonos. Podemos amar profundamente a alguien sin tener garantías sobre el futuro de esa relación. Podemos prepararnos para una entrevista y aun así no obtener el puesto.

Aceptar esto no implica resignación ni pesimismo. Implica reconocer que la seguridad absoluta nunca fue el requisito para vivir.

Entonces, ¿qué cambia en terapia?

Desde la terapia cognitivo-conductual no intentamos convencer a la persona de que “todo va a salir bien”. Tampoco buscamos eliminar todas las dudas. El trabajo consiste en ayudar a desarrollar una relación diferente con la incertidumbre.

Eso implica aprender que una posibilidad no es una certeza, que no toda duda necesita una respuesta inmediata y que es posible tomar decisiones valiosas incluso cuando no conocemos el desenlace. No es un cambio que ocurra de un día para otro. Es un aprendizaje progresivo, sostenido por la experiencia y por la práctica.

Con el tiempo, muchas personas descubren algo que al principio parecía imposible: pueden avanzar aun sin tener todas las respuestas. Y, curiosamente, es entonces cuando la ansiedad empieza a perder fuerza.

Quizás el verdadero desafío sea aprender que la vida nunca ofreció esa posibilidad y que, aun así, millones de decisiones importantes se toman todos los días sin garantías absolutas.

Si reconocés este patrón en vos, la terapia cognitivo-conductual puede ayudarte a desarrollar una forma más flexible de relacionarte con la incertidumbre, sin que ella siga ocupando el centro de tus decisiones.

Lic. Viviana Cerimelli

Psicóloga – M.P. 48123

Atención online para Argentina y países hispanohablantes

Escrito por Viviana Cerimelli

Artículos Recomendados para Ti

Perfeccionismo y Burnout: Cómo Frenar el Agotamiento

Perfeccionismo y Burnout: Cómo Frenar el Agotamiento

Sentir que tu energía no alcanza para cubrir las exigencias diarias no es un fallo personal: es la respuesta biológica y psicológica a la exposición prolongada al estrés sin los espacios de recuperación adecuados. Cuando la presión del entorno se sostiene en el...

read more