Hay preguntas que parecen buscar información, pero en realidad buscan algo más difícil de conseguir: tranquilidad.
“¿Estás seguro de que no estás enojado conmigo?”“¿Decís que hice bien?” “¿Te parece que esto que dije estuvo mal?”
Preguntar puede ser una manera completamente razonable de resolver una duda. Todos necesitamos consultar, pedir una opinión o confirmar algo en determinados momentos. Sin embargo, para algunas personas la respuesta obtenida pierde rápidamente su capacidad de tranquilizar. Apenas aparece una nueva duda, vuelve la necesidad de preguntar, revisar, comprobar o buscar otra opinión.
Esto puede suceder en una relación de pareja, frente a una decisión laboral, después de una conversación o incluso ante una preocupación relacionada con la propia salud. La situación cambia, pero el mecanismo puede ser parecido: aparece la incertidumbre, aumenta el malestar y la mente intenta encontrar una certeza que permita recuperar la tranquilidad.
Cuando preguntar deja de resolver la duda
Imaginemos que después de una conversación con tu pareja empezás a pensar que quizá dijiste algo que pudo haberle molestado. Le preguntás si está todo bien y te responde que sí.
Durante un rato te sentís mejor. Sin embargo, unas horas después aparece otra pregunta: “¿Y si me dijo que está todo bien para no discutir?”. Entonces volvés a revisar la conversación, buscás algún cambio en su manera de escribirte o volvés a preguntarle.
La nueva confirmación puede producir nuevamente alivio, pero esta vez quizá dure menos.
Este circuito tiene una explicación desde el aprendizaje. Cuando una conducta consigue reducir rápidamente una emoción desagradable, aumenta la probabilidad de que volvamos a utilizarla cuando aparezca una situación parecida. Por eso, pedir confirmación puede convertirse progresivamente en una respuesta automática frente a la duda.
Sin embargo, la conducta que proporciona alivio en el momento puede terminar haciendo más difícil tolerar la incertidumbre en el futuro.
Así se puede establecer un ciclo:
incertidumbre → preocupación → búsqueda de confirmación → alivio → nueva duda → nueva búsqueda de confirmación.
La persona no está intentando complicarse la vida. Está intentando sentirse mejor. Precisamente por eso el mecanismo puede resultar tan persistente.
La búsqueda de tranquilidad no siempre tiene que ver con falta de confianza
La necesidad constante de confirmación puede aparecer por diferentes razones y no sería adecuado atribuirla a una única causa.
En algunos casos existe una marcada preocupación por cometer errores o por ser evaluado negativamente. En otros, la dificultad está relacionada con la incertidumbre: mientras no exista una respuesta clara, la mente permanece en alerta intentando resolver todas las posibilidades.
También puede haber una tendencia a interpretar señales ambiguas como potencialmente amenazantes. Un mensaje más breve de lo habitual, una demora en responder, un cambio de tono o una expresión facial diferente pueden convertirse en información que la mente necesita analizar para determinar qué está ocurriendo.
Cuando además existe una autocrítica intensa, una situación cotidiana puede adquirir una carga mayor. Una persona puede preguntarse repetidamente si hizo algo mal, si fue suficientemente buena, si molestó a alguien o si está cumpliendo con las expectativas de los demás.
En estos casos, la búsqueda de confirmación funciona como una manera de regular el malestar. El inconveniente es que la tranquilidad empieza a depender cada vez más de una respuesta externa.
El papel de las conductas de seguridad
En TCC se utiliza el concepto de conductas de seguridad para describir determinadas acciones que una persona realiza con la intención de prevenir un resultado temido, reducir la ansiedad o comprobar que una amenaza no está presente.
Preguntar repetidamente puede ser una de ellas, pero no es la única.
También pueden aparecer conductas como revisar varias veces un mensaje antes de enviarlo, analizar una conversación para detectar posibles errores, consultar a diferentes personas antes de tomar una decisión, buscar información en internet para descartar una posibilidad preocupante o pedirle a alguien que confirme que una determinada interpretación es correcta.
Muchas de estas conductas parecen razonables tomadas de manera aislada. Lo relevante clínicamente es la función que cumplen y el grado de dependencia que se desarrolla respecto de ellas.
Si necesitás revisar cinco veces una decisión para poder quedarte tranquilo, el problema probablemente ya no sea la calidad de la decisión. Si necesitás que otra persona te confirme repetidamente que no está enojada para poder relajarte, la respuesta externa tampoco está resolviendo aquello que mantiene la preocupación.
La mente aprende, en cierta forma, que “puedo estar tranquilo porque comprobé”. La consecuencia es que la próxima vez que aparezca la duda puede resultar todavía más difícil no comprobar.
¿Y si la certeza que estás buscando no existe?
Una parte importante del trabajo terapéutico consiste en observar qué intentamos conseguir cuando buscamos confirmación.
A veces esperamos alcanzar un punto en el que finalmente podamos decir: “Ahora sí estoy completamente seguro y puedo dejar de preocuparme”, pero, muchas de las preguntas que generan ansiedad no tienen una respuesta capaz de ofrecer esa certeza.
¿Podés saber con absoluta seguridad que una relación va a mantenerse igual? ¿Que una decisión no tendrá consecuencias negativas? ¿Que no vas a equivocarte? ¿Que otra persona siempre interpretará tus palabras de la manera que esperabas?
La vida cotidiana contiene inevitablemente cierto grado de incertidumbre.
Una parte del trabajo consiste precisamente en desarrollar una relación diferente con esa incertidumbre. En lugar de organizar la conducta alrededor del objetivo de eliminar cualquier sensación de duda, se busca aumentar la capacidad de permanecer en contacto con pensamientos y emociones incómodas mientras se continúa actuando de acuerdo con aquello que resulta importante.
Esto no significa dejar de analizar situaciones reales ni actuar de manera imprudente. Significa aprender a distinguir entre resolver un problema que requiere una respuesta y tratar de eliminar una sensación de incertidumbre que forma parte de la situación.
¿Cómo empezar a modificar este patrón?
El cambio no consiste en dejar de preguntar de manera abrupta. Para muchas personas, intentar eliminar todas las conductas de seguridad de un día para otro puede generar un malestar innecesario. Resulta más útil comenzar observando el proceso y realizar modificaciones graduales.
– Preguntate qué estás buscando realmente. Antes de pedir una confirmación, observá si necesitás información que todavía no tenés o si necesitás sentirte tranquilo. Esa diferencia puede ser más importante de lo que parece.
– Identificá el momento en que la respuesta deja de ser suficiente. Si alguien ya respondió tu pregunta y unos minutos después aparece la necesidad de volver a comprobarlo, prestá atención a ese punto. Allí puede estar funcionando el circuito de búsqueda de seguridad.
– Retrasá algunas comprobaciones. Cuando aparezca el impulso de preguntar, revisar o buscar información, podés esperar unos minutos antes de hacerlo. El objetivo no es soportar el malestar como una prueba de voluntad, sino darte la oportunidad de comprobar que una emoción puede cambiar sin que necesariamente tengas que actuar sobre ella.
– Permití cierto margen de duda. En lugar de preguntarte “¿cómo puedo estar seguro de que esto va a salir bien?”, probá con “¿qué nivel de incertidumbre estoy dispuesto a aceptar para poder avanzar?”. La segunda pregunta no elimina el riesgo, pero puede abrir una alternativa a la búsqueda interminable de garantías.
– Observá qué conductas estás utilizando para sentirte seguro. Revisar, comparar, consultar, pedir explicaciones o buscar información pueden parecer respuestas diferentes, pero conviene observar si todas cumplen la misma función: reducir inmediatamente la ansiedad.
– Volvé la atención hacia lo que querés hacer. Cuando la mente está concentrada en conseguir certeza, puede quedar relegada una pregunta más importante: “Si no pudiera eliminar esta duda por completo, ¿cómo elegiría comportarme?”. Esta perspectiva resulta especialmente útil cuando la preocupación empieza a interferir con decisiones, vínculos o actividades cotidianas.
Aprender a tolerar la duda también es aprender a confiar
La búsqueda constante de confirmación puede generar una paradoja: cuanto más necesitás comprobar que todo está bien para sentirte tranquilo, menos confianza desarrollás en tu propia capacidad para atravesar la posibilidad de que algo no esté bien.
La alternativa no consiste en convencerse de que nada malo va a ocurrir. Tampoco en ignorar las señales que realmente requieren atención. Se trata de construir una capacidad diferente: poder evaluar una situación, tomar las decisiones necesarias y, después, permitir que exista un margen de incertidumbre sin intentar resolverlo una y otra vez.
En psicoterapia, este proceso puede trabajarse identificando las preocupaciones que disparan la búsqueda de seguridad, las conductas que mantienen el circuito y las consecuencias que tienen a corto y largo plazo. Desde TCC pueden utilizarse estrategias de exposición y reducción progresiva de conductas de seguridad, mientras que ACT aporta herramientas para relacionarse de otra manera con los pensamientos y emociones que aparecen cuando no tenemos garantías.
La tranquilidad que depende de una confirmación externa siempre será frágil, porque necesitará ser renovada cada vez que aparezca una nueva duda. En cambio, desarrollar la capacidad de convivir con cierta incertidumbre permite que la seguridad no dependa exclusivamente de obtener una respuesta perfecta.
Quizás no se trate de conseguir que alguien te asegure, una vez más, que todo está bien. Quizás el aprendizaje más importante sea descubrir que, incluso cuando no podés estar completamente seguro, podés confiar en tu capacidad para afrontar lo que venga.
Si sentís que necesitás comprobar, preguntar o recibir confirmación constantemente para poder tranquilizarte, la psicoterapia puede ayudarte a comprender qué mantiene este patrón y a desarrollar recursos para relacionarte de una manera más flexible con la duda y la incertidumbre.
Lic. Viviana Cerimelli – Psicóloga | M.P. 48123
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Consultas: vivianacerimellipsicologa.com



