Hay algo que muchas personas hacen sin darse cuenta. Evitan.
Evitan conversaciones incómodas, decisiones importantes, situaciones que generan ansiedad, emociones difíciles o incluso pensamientos que incomodan. A veces lo hacen postergando, otras distrayéndose, otras adaptándose a lo que el otro quiere para no generar conflicto.
Y en el momento, funciona. Porque evitar alivia. Baja la ansiedad, reduce la incomodidad y da una sensación de control. Pero ese alivio es momentáneo, y tiene un costo que no siempre se ve de inmediato.
¿Qué es la evitación?
Desde la psicología cognitivo-conductual y los enfoques contextuales, se habla de evitación experiencial para describir la tendencia a intentar escapar o reducir pensamientos, emociones o situaciones internas que resultan desagradables.
No se trata solo de evitar cosas externas, sino también de evitar lo que pasa internamente: sentir, pensar, recordar.
El problema es que, aunque a corto plazo reduce el malestar, a largo plazo lo mantiene o incluso lo intensifica.
¿Por qué evitar funciona (al principio)?
El cerebro aprende rápido. Cuando evitás algo que te genera ansiedad o incomodidad, esa sensación disminuye. Ese alivio actúa como un refuerzo, haciendo más probable que vuelvas a evitar en el futuro.
Es un aprendizaje muy potente: “Si evito, me siento mejor”
El problema es que ese aprendizaje es incompleto. Porque no incluye lo que pasa después.
El círculo que mantiene el problema
La evitación no solo se repite, sino que se fortalece. El circuito suele ser así:
-aparece una situación incómoda, -se activa ansiedad o malestar, -evitás, -sentís alivio, -reforzás la evitación.
A largo plazo, esto genera más sensibilidad frente a esas situaciones, más anticipación negativa y menos confianza para afrontarlas.
Lo que evitás no desaparece. Se vuelve más difícil.
¿Cómo se manifiesta la evitación?
Muchas veces no es evidente, porque está normalizada o disfrazada de otras cosas.
Algunos ejemplos frecuentes:
- postergar decisiones importantes
- no expresar lo que molesta para evitar conflicto
- distraerse constantemente para no pensar
- evitar iniciar algo por miedo a no hacerlo bien
- permanecer en vínculos que no hacen bien
- evitar momentos de soledad
- buscar constantemente ocupación para no conectar con emociones
En estos casos, no es que la persona “no puede”, sino que está evitando lo que le genera incomodidad.
El costo invisible de evitar
Aunque en el momento alivia, la evitación tiene efectos acumulativos.
Puede generar:
- más ansiedad a largo plazo
- sensación de estancamiento
- pérdida de oportunidades
- baja confianza en uno mismo
- dependencia emocional
- dificultad para tomar decisiones
Además, cuanto más se evita, más se reduce la tolerancia a la incomodidad, haciendo que cada vez más situaciones se vivan como difíciles.
Evitar emociones también tiene consecuencias
No solo se evitan situaciones, también emociones. Muchas personas intentan no sentir tristeza, enojo, miedo o frustración. Sin embargo, evitar emociones no las elimina, sino que las mantiene activas.
Las emociones cumplen una función. Cuando no se procesan, tienden a aparecer de otras formas: ansiedad, irritabilidad, tensión o malestar difuso.
La trampa: esperar a sentirse listo
Una de las formas más comunes de evitación es esperar.
Esperar a estar más seguro, más preparado, más tranquilo, más motivado. El problema es que ese momento muchas veces no llega. Y mientras tanto, la vida queda en pausa. En muchos casos, no es la ausencia de ansiedad lo que permite actuar, sino la acción lo que reduce la ansiedad.
Empezar a salir de la evitación
El cambio no implica dejar de sentir incomodidad, sino aprender a atravesarla.
1. Reconocer la evitación
Ponerle nombre permite dejar de verla como algo automático o inevitable.
2. Entender su función
No se trata de “dejar de evitar porque sí”, sino de comprender qué estás evitando y por qué.
3. Tolerar la incomodidad
El malestar no es peligroso, aunque se sienta intenso. Poder permanecer en él sin escapar es un paso clave.
4. Exponerse de forma gradual
No se trata de enfrentar todo de golpe, sino de acercarse progresivamente a aquello que se evita.
5. Actuar sin esperar a sentirse listo/a
Muchas veces, la acción precede a la seguridad, no al revés.
El rol de la terapia
Cuando la evitación está muy instalada, puede ser difícil modificarla sin acompañamiento.
La terapia permite:
- identificar patrones evitativos
- trabajar la relación con la incomodidad
- desarrollar estrategias de exposición
- fortalecer la confianza
- construir respuestas más flexibles.
A veces, el cambio no empieza cuando desaparece el miedo, sino cuando decidís avanzar a pesar de él. El problema es todo lo que dejás de vivir por evitar.
Lic. Viviana Cerimelli




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