¿Por qué necesitás estar seguro antes de tomar una decisión?

Ago 14, 2026 | Recursos

Escrito por Viviana Cerimelli

Hay decisiones que parecen difíciles porque realmente implican mucho en juego. Elegir un trabajo, terminar una relación, mudarse, aceptar una oportunidad o decidir sobre un proyecto importante puede requerir tiempo, información y reflexión. En esos casos, la dificultad no necesariamente indica un problema psicológico: algunas decisiones son complejas porque tienen consecuencias importantes y porque ninguna alternativa permite conocer de antemano cómo será el resultado.

La dificultad aparece cuando la necesidad de decidir empieza a quedar subordinada a otra condición: sentirnos completamente seguros antes de hacerlo.

Entonces podemos investigar un poco más, pedir otra opinión, imaginar escenarios posibles, revisar nuevamente los datos o intentar anticipar cómo nos vamos a sentir después. Cada una de estas acciones puede proporcionar un alivio momentáneo. Sin embargo, cuando la búsqueda de certeza se convierte en una condición permanente para avanzar, la decisión puede alejarse cada vez más.

El problema ya no consiste solamente en elegir. Consiste en intentar alcanzar un nivel de seguridad que, en muchas situaciones de la vida, sencillamente no está disponible.

La fantasía de que una buena decisión debería sentirse segura

Existe una expectativa bastante extendida según la cual, cuando encontramos la opción correcta, deberíamos sentirlo. La decisión debería traer tranquilidad, convicción o una sensación suficientemente clara de que estamos haciendo lo adecuado.

Pero las decisiones importantes rara vez funcionan de esa manera. Podemos tomar una buena decisión y sentir miedo. Podemos elegir algo que nos conviene y, aun así, preguntarnos posteriormente si había otra alternativa mejor. Podemos estar convencidos de algo y descubrir después información que no teníamos cuando decidimos.

La ausencia de certeza no demuestra que una decisión sea equivocada. En muchas circunstancias, simplemente refleja una característica inevitable de decidir: estamos eligiendo antes de conocer completamente el resultado.

Cuando pensar más deja de ayudar

Reflexionar puede ser útil. El problema aparece cuando pensar deja de estar orientado a obtener información relevante y empieza a funcionar como un intento de eliminar la posibilidad de equivocarnos. La diferencia puede ser difícil de detectar.

Una persona puede preguntarse:

«“¿Qué información necesito para tomar esta decisión?”» Y después actuar.

Otra puede entrar en una secuencia diferente:

«“¿Y si estoy pasando algo por alto?”

“¿Y si después me arrepiento?”

“¿Y si había una opción mejor?”

“¿Y si tomo la decisión equivocada?”

“Quizás debería pensarlo un poco más.”»

La segunda secuencia puede prolongarse indefinidamente porque siempre existe una nueva posibilidad que considerar.

Cuando la meta es estar seguro, cualquier duda puede convertirse en una razón para continuar pensando.

La incertidumbre no desaparece porque pensemos más Una de las trampas más frecuentes consiste en confundir análisis con control. Pensar permite organizar información, comparar alternativas y anticipar algunas consecuencias. Pero no permite conocer completamente el futuro. Podemos analizar una propuesta laboral y aun así desconocer cómo será el ambiente de trabajo. Podemos evaluar una relación y no saber cómo evolucionará dentro de un año. La mente puede continuar produciendo escenarios porque el futuro permanece abierto.

¿Qué es la intolerancia a la incertidumbre?

En psicología, la intolerancia a la incertidumbre describe una tendencia a experimentar la falta de certeza como especialmente difícil de tolerar y a responder ante ella mediante determinados patrones cognitivos y conductuales.

Durante décadas, este constructo se estudió especialmente en relación con la preocupación y el trastorno de ansiedad generalizada. La investigación posterior mostró que también tiene relevancia transdiagnóstica y puede intervenir en distintos problemas relacionados con la ansiedad y el malestar emocional.

La incertidumbre forma parte de la vida y todos podemos sentirnos incómodos frente a ella. La cuestión está en qué hacemos cuando aparece. La búsqueda de certeza puede convertirse en un circuito

Imaginemos una decisión que genera dudas. Aparece la incertidumbre y con ella cierta incomodidad. Para reducirla, comenzamos a buscar información. Encontramos algunos datos y sentimos alivio. Pero aparece una nueva duda. Buscamos otra opinión. Volvemos a analizar.

El alivio que producen estas conductas puede reforzar la idea de que necesitamos seguir buscando certeza cada vez que aparece una duda.

La investigación sobre intolerancia a la incertidumbre ha encontrado relaciones consistentes con la preocupación y ha mostrado que las intervenciones psicológicas pueden producir reducciones significativas en este proceso.

Consultar a los demás también puede convertirse en una forma de buscar certeza Pedir una opinión puede ser una excelente manera de incorporar una perspectiva diferente. Pero hay una diferencia entre consultar para ampliar información y consultar para conseguir tranquilidad.

Puede aparecer una secuencia como:

«“¿Vos qué harías?”» Recibimos una respuesta. Durante un rato nos sentimos mejor. Después aparece otra duda: «“¿Pero estás seguro?”» Volvemos a preguntar…

Cuando la función principal de la consulta es reducir la ansiedad, el alivio puede ser breve y la necesidad de volver a preguntar puede reaparecer.

También podemos buscar señales internas

La búsqueda de certeza no siempre ocurre afuera.

A veces intentamos encontrarla dentro de nosotros mismos. “¿Qué siento realmente?” “¿Estoy tranquilo?”

El miedo a arrepentirse

En algunas decisiones, el problema central no es tanto equivocarse como imaginar el arrepentimiento posterior. “¿Y si dentro de seis meses descubro que elegí mal?” Esta pregunta puede llevarnos a intentar anticipar una emoción futura que todavía no podemos conocer.

El problema es que tampoco podemos garantizar que nunca nos arrepentiremos. Elegir una opción significa renunciar, al menos temporalmente, a otras posibilidades. Por eso decidir no consiste únicamente en encontrar la alternativa perfecta. También implica aceptar que toda elección tiene un costo de oportunidad y que parte de sus consecuencias solamente podrán conocerse después.

Cuando no decidir también se convierte en una decisión

A veces permanecer en la duda parece una forma de evitar el riesgo. Mientras no elegimos, no tenemos que enfrentarnos todavía con las consecuencias de haber elegido. Pero la ausencia de decisión también produce efectos. No decidir puede reducir la ansiedad en el corto plazo. Pero ese alivio puede tener un costo cuando la postergación se convierte en una estrategia habitual.

La decisión perfecta no existe

Una decisión puede ser razonable con la información disponible y aun así producir un resultado inesperado.

Esto es especialmente importante porque muchas veces evaluamos nuestras decisiones retrospectivamente con información que no teníamos cuando las tomamos.

Tomar decisiones saludables requiere aprender a evaluar el proceso de decisión, no únicamente el resultado final. Una decisión responsable no garantiza un resultado favorable. Garantiza que intentamos decidir de manera coherente con la información, los valores y las circunstancias que teníamos disponibles en ese momento.

¿Cuánta certeza necesitás realmente? La prudencia tiene un punto de llegada. La búsqueda de certeza absoluta, por definición, no.

Aprender a decidir con cierta incertidumbre

Tolerar incertidumbre no significa actuar impulsivamente. Tampoco significa dejar de analizar las consecuencias. Significa reconocer que existe un momento en el que continuar pensando ya no mejora sustancialmente la calidad de la decisión.

En terapia, este trabajo puede incluir identificar las conductas que mantienen la búsqueda de certeza, revisar las creencias asociadas a la incertidumbre y desarrollar una relación diferente con las dudas. La evidencia acumulada indica que los tratamientos psicológicos pueden reducir significativamente la intolerancia a la incertidumbre y los síntomas relacionados, y algunos resultados sugieren beneficios adicionales cuando este proceso se aborda de manera explícita.

Una decisión importante puede venir acompañada de miedo, tristeza, entusiasmo y dudas al mismo tiempo. Porque tomar una decisión adulta no consiste en conocer el futuro antes de actuar. Consiste en poder avanzar con información suficiente, aceptar que existen variables que no podemos controlar y asumir que, si las circunstancias cambian, también podremos volver a evaluar nuestro camino.

Aprender a tolerar la duda también es aprender a decidir La incertidumbre no es un error que la mente deba corregir cada vez que aparece.

Por eso, el trabajo en terapia, no consiste en encontrar la respuesta que finalmente elimine todas las dudas, sino en desarrollar la capacidad de convivir con ellas sin quedar atrapados en la búsqueda interminable de certeza.

Lic. Viviana Cerimelli

Psicóloga – M.P. 48123

vivianacerimellipsicologa.com

Atención online para Argentina y países de habla hispana.

Escrito por Viviana Cerimelli

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