Conociendo hoy a tu pareja, ¿volverías a elegirla?…
No todas las relaciones que se sostienen, hacen bien. Hay vínculos que continúan por inercia, por historia compartida, por costumbre… o por miedo. Desde afuera puede parecer claro que algo no funciona, pero desde adentro la experiencia es muy distinta. Porque no se trata solo de irse. Se trata de todo lo que implica hacerlo. Y ahí es donde muchas personas quedan detenidas.
Cuando el malestar se vuelve parte de lo cotidiano
En algunos vínculos, el malestar no aparece como algo puntual, sino como un estado sostenido:
- conversaciones que ya no fluyen
- distancia emocional
- falta de conexión
- discusiones repetitivas o silencios prolongados
No siempre hay conflictos intensos. A veces lo que predomina es una sensación más difícil de nombrar: estar, pero no estar bien. Y aun así, la relación continúa.
Una pregunta que dice mucho sobre tu relación: Conociendo hoy a tu pareja, ¿volverías a elegirla?
Esta pregunta no busca una respuesta inmediata ni impulsiva. Invita a detenerse y revisar algo más profundo: si el vínculo que hoy existe es coherente con lo que necesitás, o si se está sosteniendo por otros motivos. Porque muchas veces no se trata de cuánto tiempo llevan juntos, sino de cómo se sienten en el presente.
¿Por qué cuesta tanto irse?
Desde la psicología cognitivo-conductual, quedarse en un vínculo que genera malestar no es simplemente una falta de decisión. Es el resultado de varios procesos que se combinan y se refuerzan entre sí.
- Evitación emocional: Irse implica atravesar emociones difíciles: tristeza, culpa, incertidumbre, miedo.
Evitar la decisión permite evitar, al menos momentáneamente, ese impacto emocional. A corto plazo, quedarse alivia. A largo plazo, mantiene el problema.
- Miedo a la soledad: Uno de los factores más frecuentes.
No siempre se trata de no querer estar solo, sino de lo que la soledad representa: sensación de vacío, idea de no ser elegido, temor a no volver a encontrar a alguien. Este miedo puede hacer que una relación insatisfactoria se perciba como “mejor que nada”.
- Inversión emocional
Cuanto más tiempo, energía y expectativas se han puesto en el vínculo, más difícil resulta cuestionarlo. Aparecen pensamientos como:
“ya invertí demasiado”
“no puedo tirar todo esto”
“quizás cambie”
Esto se relaciona con lo que en psicología se conoce como sesgo de costo hundido, donde el pasado pesa más que el presente.
- Esperanza de cambio: Muchas personas no se quedan solo por lo que el vínculo es, sino por lo que podría ser.Se sostienen en momentos positivos aislados o en la expectativa de que algo mejore. El problema es cuando la realidad se repite, pero la esperanza se mantiene intacta.
- Baja conexión con las propias necesidades: En algunos casos, la persona se ha adaptado tanto al vínculo que pierde claridad sobre lo que quiere o necesita. El foco queda puesto en sostener la relación, no en evaluar si esa relación hace bien.
Cuando quedarse también es una decisión
No tomar una decisión también tiene efectos. Sostener un vínculo que genera malestar implica:
-habituarse a un nivel bajo de bienestar
-postergar necesidades personales
-aumentar la frustración
-perder claridad sobre uno mismo
Con el tiempo, lo que al principio incomodaba puede empezar a sentirse “normal”.
Señales que invitan a revisar
No son reglas, pero pueden funcionar como indicadores:
-sentís más alivio cuando el otro no está que cuando está
-conversaciones importantes para no generar conflicto
-justificás lo que te duele
– te cuesta imaginar un futuro con entusiasmo
-permanecés más por miedo que por deseo
Estas señales no obligan a tomar una decisión inmediata, pero sí invitan a mirar con más atención.
Empezar a salir del lugar de inercia
Irse no siempre es un acto impulsivo. Muchas veces es un proceso.
1. Recuperar el registro interno
Volver a preguntarte cómo te sentís, más allá de lo que “deberías” sentir.
2. Diferenciar miedo de elección
Quedarte porque elegís no es lo mismo que quedarte porque temés lo que hay afuera.
3. Cuestionar creencias
¿Es cierto que no podrías estar solo/a?
¿O es una idea que se activa frente al cambio?
4. Tolerar la incomodidad
Tomar decisiones importantes suele implicar atravesar momentos difíciles.
Evitar esa incomodidad puede mantenerte en un lugar que ya no querés.
5. Ampliar la mirada de futuro
Pensar no solo en lo que perdés al irte, sino también en lo que podrías recuperar.
El rol de la terapia
Cuando este tipo de situación se sostiene en el tiempo, el acompañamiento terapéutico puede ser clave.
Permite:
- trabajar la evitación
- abordar el miedo a la soledad
- revisar creencias que sostienen el vínculo
- fortalecer la autoestima
- facilitar la toma de decisiones
No se trata de indicar si alguien debe quedarse o irse, sino de generar las condiciones para que esa decisión sea más consciente.
Si sentís que estás en un vínculo que ya no te hace bien y te cuesta tomar una decisión, un proceso terapéutico puede ayudarte a ordenar lo que estás viviendo y encontrar mayor claridad.




0 Comments