¿La ansiedad se cura? Una pregunta frecuente… pero quizás no sea la correcta
“Solo quiero volver a ser como antes.”
Es una frase que aparece con frecuencia en el consultorio. Quien la pronuncia no suele pedir una vida perfecta. Pide algo mucho más sencillo: dejar de vivir con esa sensación permanente de alerta, recuperar la tranquilidad y volver a confiar en sí mismo.
Detrás de esa necesidad surge una pregunta inevitable:
“¿La ansiedad se cura?”
La respuesta podría resolverse con un simple “sí” o “no”. Sin embargo, cualquiera de esas respuestas sería incompleta.
Quizás la verdadera pregunta no sea si la ansiedad desaparece para siempre, sino qué significa realmente recuperarse.
Cuando una emoción saludable se convierte en un problema
Desde la psicología basada en evidencia entendemos que la ansiedad es una emoción. Al igual que la tristeza, la alegría o el enojo, forma parte del repertorio normal de cualquier ser humano.
Gracias a ella reaccionamos rápidamente ante un peligro, nos preparamos para rendir un examen importante o prestamos más atención cuando cruzamos una calle.
Eliminar completamente la ansiedad sería tan poco deseable como eliminar el dolor físico. Ambos cumplen una función adaptativa.
Entonces, ¿por qué algunas personas sienten que la ansiedad arruinó su vida? La diferencia no suele estar en sentir ansiedad, sino en la manera en que comenzamos a relacionarnos con ella.
Cuando la solución se convierte en el problema
David Barlow, uno de los investigadores más influyentes en el estudio de los trastornos emocionales, propuso una idea que modificó profundamente la forma de entender la ansiedad.
Muchas personas no desarrollan un problema porque sienten miedo. Lo desarrollan porque empiezan a organizar su vida para no volver a sentirlo. Poco a poco aparecen cambios casi imperceptibles.
-Se dejan de hacer determinadas actividades.
-Se evitan ciertos lugares.
-Se buscan garantías antes de tomar decisiones.
-Se posponen proyectos “hasta sentirse mejor”.
La vida empieza a girar alrededor de una única misión: evitar la ansiedad.
Paradójicamente, cuanto más espacio ocupa ese intento de control, más presente parece estar aquello que se intenta controlar.
Recuperarse no significa no volver a sentir ansiedad
Imaginemos a dos personas que deben hablar frente a un grupo.
Ambas sienten nervios.
La primera interpreta esa ansiedad como una señal de incapacidad y decide cancelar la presentación.
La segunda también siente miedo, pero acepta esa activación como parte de una situación importante y continúa.
Las dos experimentaron ansiedad.
Solo una dejó que decidiera por ella.
Esta diferencia parece pequeña, pero representa uno de los principales objetivos de la terapia cognitivo-conductual.
La recuperación no consiste en eliminar las emociones difíciles. Consiste en que esas emociones dejen de dirigir nuestras decisiones.
Lo que muestran las investigaciones
Décadas de investigación han demostrado que la terapia cognitivo-conductual es uno de los tratamientos con mayor respaldo científico para los trastornos de ansiedad.
No porque haga desaparecer automáticamente todas las preocupaciones. Su eficacia se explica porque ayuda a modificar los procesos que mantienen el problema: la evitación, las interpretaciones catastróficas, la búsqueda constante de certezas y otras estrategias que, aunque alivian a corto plazo, terminan reforzando la ansiedad. La ansiedad puede seguir apareciendo en determinados momentos. Pero ya no ocupa el centro de sus vidas.
Una recuperación diferente a la que imaginabas
A veces los pacientes llegan esperando el momento en que puedan decir:
“Ya no siento ansiedad nunca más.”
Curiosamente, quienes avanzan en terapia suelen describir otra experiencia.
Dicen cosas como:
“Ahora, cuando aparece, sé qué hacer.”
“Ya no necesito cancelar mis planes.”
“Puedo sentir miedo sin dejar de vivir.”
En los primeros encuentros muchas personas evalúan su progreso preguntándose cuánto disminuyó la ansiedad.
Con el paso del tiempo, esa pregunta suele transformarse en otra mucho más interesante:
“¿Cuántas cosas volví a hacer que antes evitaba?” Quizás el objetivo nunca fue dejar de sentir ansiedad.
Quizás el verdadero objetivo sea dejar de construir una vida alrededor del miedo a sentirla.
La ansiedad forma parte de la experiencia humana. No necesita desaparecer para que puedas recuperar tus proyectos, tus vínculos y tu bienestar.
Lo que sí puede cambiar —y la evidencia científica lo demuestra— es la forma en que respondés cuando aparece.
Y ese cambio puede transformar profundamente tu manera de vivir.
Lic. Viviana Cerimelli
Psicóloga – M.P. 48123
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