“Estoy agotado… pero no puedo dejar de pensar.”
¿Alguna vez sentiste que, aunque tu cuerpo está cansado, tu mente sigue funcionando como si no pudiera apagar el interruptor?
Terminás una conversación y la repasás una y otra vez. Imaginás escenarios futuros. Analizás decisiones que todavía no tomaste. Intentás encontrar respuestas, prever errores o asegurarte de que todo saldrá bien.
Y, sin darte cuenta, pasan horas… o incluso días. Si esto te resulta familiar, no estás solo. Muchas personas consultan porque sienten que su mente nunca descansa.
Pensar no es el problema Pensar es una capacidad extraordinaria. Nos permite aprender, resolver problemas y planificar.
El problema aparece cuando pensar deja de ser una herramienta y se transforma en un hábito automático que consume gran parte del día sin acercarnos a una solución.
En psicología cognitivo-conductual distinguimos entre resolver un problema y dar vueltas alrededor del problema. Cuando la mente entra en este segundo modo, aparece lo que conocemos como rumiación o sobrepensamiento.
¿Por qué nuestra mente insiste tanto?
Muchas veces creemos que, si pensamos lo suficiente, encontraremos la respuesta perfecta.
Entonces aparecen preguntas como:
¿Y si me equivoco?
¿Y si no vi algo importante?
¿Y si después me arrepiento?
¿Y si podría haber hecho otra cosa?
Paradójicamente, cuanto más buscamos una certeza absoluta, más dudas aparecen.
La ilusión de que pensar nos protege Lo que parecía ayudarte termina aumentando la ansiedad.
El costo del sobrepensamiento
Pensar demasiado no solo genera cansancio mental.
También puede provocar: dificultad para dormir; problemas para concentrarse; procrastinación; aumento de la ansiedad; dificultad para disfrutar el presente; sensación permanente de agotamiento.
Es como correr en una cinta: hacés un gran esfuerzo, pero no avanzás.
Una pregunta que puede ayudarte
La próxima vez que notes que llevás varios minutos pensando en el mismo tema, preguntate:
¿Estoy obteniendo información nueva o simplemente estoy repitiendo los mismos pensamientos?
Muchas veces la respuesta marca la diferencia entre resolver y rumiar.
¿Cómo ayuda la terapia cognitivo-conductual?
Desde la terapia cognitivo-conductual trabajamos para comprender qué función cumple el sobrepensamiento en cada persona.
No se trata de “dejar la mente en blanco”, porque eso no es posible. El objetivo es aprender a reconocer cuándo pensar deja de ser útil y desarrollar una relación diferente con esos pensamientos.
Para ello utilizamos estrategias como:
- identificar patrones de rumiación;
- cuestionar la necesidad de certeza absoluta;
- reducir conductas que mantienen el problema;
- entrenar habilidades para volver al momento presente.
Con el tiempo, la mente aprende que no necesita responder a cada pensamiento que aparece.
Un ejercicio para hoy
Durante el día, cada vez que notes que estás dando vueltas sobre el mismo tema, escribí una sola frase:
“En este momento estoy intentando resolver un problema… ¿o solo estoy intentando sentirme más seguro?”
No busques responder inmediatamente. El simple hecho de hacerte esa pregunta ya comienza a cambiar la forma en que te relacionás con tus pensamientos.
Si sentís que tu mente nunca descansa, no significa que seas débil ni que estés “pensando mal”.
Muchas veces significa que tu cerebro aprendió a utilizar el pensamiento como una forma de protegerte.
La buena noticia es que existen herramientas para salir de ese ciclo.
No dejando de pensar, sino aprendiendo cuándo pensar ayuda y cuándo solo alimenta la ansiedad.
Muchas veces creemos que el malestar se mantiene por la situación en sí. Sin embargo, con frecuencia son los intentos que hacemos para dejar de sentirnos mal los que, sin querer, terminan alimentando el problema.
En el caso de la ansiedad, por ejemplo, conductas como evitar, buscar tranquilidad constantemente, revisar una y otra vez o sobrepensar producen un alivio inmediato, pero también le enseñan al cerebro que necesita seguir haciendo eso para sentirse seguro.
Por eso el ciclo vuelve a repetirse.
¿Cómo trabaja esto la terapia cognitivo-conductual?
La terapia cognitivo-conductual no busca eliminar las emociones desagradables ni ofrecer respuestas rápidas. Su objetivo es ayudarte a identificar los patrones de pensamiento y de comportamiento que mantienen el malestar, para desarrollar formas más flexibles y eficaces de afrontarlo.
El tratamiento se adapta a cada persona y se apoya en estrategias cuya eficacia ha sido ampliamente estudiada.
Si sentís que el sobrepensamiento está afectando tu descanso, tus decisiones o tu bienestar, la terapia cognitivo-conductual puede ayudarte a desarrollar una relación más saludable con tus pensamientos.
Solicitá tu consulta online.
Lic. Viviana Cerimelli
Psicóloga – M.P. 48123
Atención online para Argentina y países hispanohablantes.



